Los árboles. El Olivo en Apulia ( Puglia ), Italia.

Los árboles. El Olivo en Apulia ( Puglia ), Italia.

Este verano (2018), realizamos un viaje en coche hacia Apulia, región sureña de Italia, llena de historia, cultura, tradiciones, orecchiette, playas fantásticas, nopales y olivos. Las primeras fotografías que deseaba realizar apenas cargué los ojos hacia la ventanilla y los vi ahí reunidos, haciéndome distintas señas con sus brazos abiertos y cabellos plateados. Los árboles nos narran también la historia de un lugar. El Olivo en Apulia me cautivó y se convirtió en relato.

La naturaleza es la protagonista de los viajes, es arte, es poderosa, es madre, y creo que sus hijos favoritos sean los árboles, vinculados a la vida y a la muerte, a los ciclos y la inmortalidad o el resurgimiento.

Los árboles son un receptáculo de lo sagrado, de lo mágico, una representación del cosmos y los cuatro elementos. Bailan, y si los abrazas puedes sentirlos vibrar y latir.

Les comparto un bellísimo texto extraído del libro “El Caminante» de Hermann Hesse, lo elegí por esa relación tan peculiar entre los árboles y el vagabundo.

Árboles

Los árboles han sido siempre para mí los predicadores más eficaces. Los respeto cuando viven entre pueblos y familias, en bosques y florestas. Y todavía los respeto más cuando están aislados. Son los solitarios. No como ermitaños, que se han aislado a causa de alguna debilidad, sino como hombres grandes en su soledad, como Beethoven y Nietzche. En sus copas susurra el mundo, sus raíces descansan en lo infinito; pero no se pierden en él, sino que persiguen con toda la fuerza de su existencia una sola cosa: cumplir su propia ley, que reside en ellos, desarrollar su propia forma, representarse a sí mismos. Nada hay más ejemplar y más santo que un árbol hermoso y fuerte. Cuando se ha talado un árbol y éste muestra al mundo su herida mortal, en la clara circunferencia de su cepa y monumento puede leerse toda su historia: en los cercos y deformaciones están descritos con fidelidad todo el sufrimiento, toda la lucha, todas las enfermedades, toda la dicha y prosperidad, los años flacos y los años frondosos, los ataques superados y las tormentas sobrevividas. Y cualquier campesino joven sabe que la madera más dura y noble tiene los cercos más estrechos, que en lo alto de las montañas y en peligro constante crecen los troncos más fuertes, ejemplares e indestructibles.

Los árboles son santuarios. Quien sabe hablar con ellos, quien sabe escucharles, aprende la verdad. No predican doctrinas y recetas, predican, indiferentes al detalle, la ley primitiva de la vida.

Un árbol dice: en mí se oculta un núcleo, una chispa, un pensamiento, soy vida de la vida eterna. Es única la tentativa y la creación que ha osado en mí la Madre eterna, única es mi forma y únicas las vetas de mi piel, único el juego más insignificante de las hojas de mi copa y la más pequeña cicatriz de mi corteza. Mi misión es dar forma y presentar lo eterno en mis marcas singulares.

Un árbol dice: mi fuerza es la confianza. No sé nada de mis padres, no sé nada de los miles de retoños que todos los años provienen de mí. Vivo, hasta el fin, el secreto de mi semilla, no tengo otra preocupación. Confío en que Dios está en mí. Confío en que mi tarea es sagrada. Y vivo de esta confianza. Cuando estamos tristes y apenas podemos soportar la vida, un árbol puede hablarnos así: ¡Estáte quieto! ¡Estáte quieto! ¡Contémplame! La vida nos es fácil, la vida no es difícil. Estos son pensamientos infantiles. Deja que Dios hable dentro de ti y en seguida enmudecerán. Estás triste porque tu camino te aparta de la madre y de la patria. Pero cada paso y cada día te acerca más a la madre. La patria no está aquí ni allí. La patria está en tu interior, o en ninguna parte.

El ansia de vagabundear me acelera el corazón cuando oigo al atardecer el susurro de los árboles. Si se escucha durante largo rato y con la quietud suficiente, se aprende también la esencia y el sentido de esta necesidad del caminante. No es, como parece, una huida del sufrimiento. Es nostalgia de la patria, del recuerdo de la madre, de nuevas parábolas de la vida. Conduce al hogar. Todos los camino conducen al hogar, cada paso es un nacimiento, cada paso es una muerte, cada tumba es una madre.

Esto susurra el árbol al atardecer, cuando tenemos miedo de nuestros propios pensamientos infantiles. Los árboles tienen pensamientos dilatados, prolijos y serenos, así como una vida más larga que la nuestra. Son más sabios que nosotros, mientras no les escuchamos. Pero cuando aprendemos a escuchar a los árboles, la brevedad, rapidez y apresuramiento infantil de nuestros pensamientos adquieren una alegría sin precedentes. Quien ha aprendido a escuchar a los árboles, ya no desea ser un árbol. No desea ser más que lo que es. Esto es la patria.

Esto es la felicidad.

El Caminante, Hermann Hesse.

 

El Olivo

El Olivo es la efigie de la paz, la prosperidad, la sabiduría y la victoria.  Durante diferentes épocas y en distintas civilizaciones en el mundo, el olivo ha sido venerado, cultivado y representado en el arte, la literatura y en la tradición de los pueblos.

Me gusta observar sus formas, su tronco en movimiento, sus ramas que se extienden al cielo, un árbol de plata y oro al que acaricia el viento.

Olivo en Apulia

El Olivo en la Mitología Griega

En la mitología griega el olivo se encuentra estrechamente relacionado a un texto sobre la fundación de Atenas.

Se narra que el rey Cécrope fundó una ciudad en Grecia a la que le daría el nombre de uno de los dioses. Atenea (Conocida en la mitología romana como Minerva, es la diosa de la sabiduría, las artes, las técnicas de la guerra. Además, en la mitología griega lo es también de la civilización, la justicia y la habilidad.) y Poseidon (Dios del mar, al que los romanos llamaban Neptuno.) en pugna por convertirse en protectores de esta tierra, ofrecieron un regalo a sus habitantes, el don más preciado otorgaría la victoria a uno de los dos.

Regalos de los dioses

Poseidon golpeó con su tridente una roca y de esta brotó un manantial o fuente ( en otras versiones es un caballo ),  Atenea bajó del Olimpo y golpeó el suelo con el asta de su lanza, al instante, brotó del fondo de la tierra un olivo, que alimentaría a los hombres y les proporcionaría aceite con el que se harían ofrendas a los dioses. Era un árbol de larga vida, capaz de dar frutas incluso en los suelos más áridos.

Creo que ya nos imaginamos quien venció esta batalla: Atenea. Según una de las versiones, la eligen los atenienses, en otra versión son los dioses del Olimpo a votar, y aquí es donde se pone muy interesante, ya que las diosas también votaban y todas lo hicieron por Atenea, en cambio los dioses votaron por Poseidon, pero Zeus se abstuvo, lo que otorgó a Atenea la ventaja. Lo que viene después, es un Poseidon no muy contento con la derrota.

 

árbol olivo

El Olivo en las Religiones

  1. El olivo es símbolo de paz y reconciliación al identificarse con la paloma que trajo en su pico una ramita de olivo a Noé tras el diluvio universal, significando la reconciliación de Dios con los hombres.
  2. El Cementerio judío del Monte de los Olivos es el más antiguo y más importante cementerio de Jerusalén.
  3. Muhammad decía que para purificar el cuerpo se debía de limpiar el cuerpo con aceite de oliva.

Actividades en Apulia, Italia

  • Visitar los agrimusei y  masserie didácticas, para descubrir los sabores del territorio y la producción del aceite de oliva en Apulia.
  • Recorridos a pie o en bicicleta para conocer la historia del aceite de oliva entre olivos centenarios.

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